lunes, 22 de diciembre de 2014

La infinitud del Otro y la negación del Yo.

Toca hacer una de mis actividades favoritas, hacer daño a la creencia en dioses. Yo no creo en dioses ni nada parecido, ni creo que se necesite probar su no-existencia. Si hay alguien que cree en la existencia de algo, ese alguien es quien debe probarla y no pedir a los demás que prueben su no-existencia.

Bueno, todos saben que hay multitud de argumentos al respecto de la existencia de dioses, divinidades y demás entes parecidos que, por comodidad y cercanía, voy a nombrar como "Dios". Algunos de estos argumentos son para probar su existencia y otros para negarla, los hay interesantes y patéticos. Desde luego no voy a intentar demostrar nada, al menos en esta entrada, aunque siento la necesidad, o quizás el deber, de destruir la idea de Dios. Como digo, no es lo que pretendo en esta entrada, simplemente voy a plantear unas "preguntillas simples" sobre una de sus más famosas cualidades, la de ser infinito, y sobre la contrariedad que esto presenta a la propia conciencia que cada quien tiene de sí mismo.

Partamos de una base, que no intentaré probar y que damos por válida para no complicar el asunto y que podamos centrarnos en lo que quiero. Partiremos de la convicción de tener conciencia de uno mismo. Voy a aceptar esta idea y a usarla como prueba de que existe, o al menos hay, algo que llamamos "yo" y que se destaca principalmente por no ser "lo otro". Diremos que hay un Yo porque es distinto a un Otro, es decir, que Yo es algo que hay y que no concuerda con, o que no es lo mismo que, lo Otro, entendiendo esto último como todo lo que no es Yo. Entonces aceptemos que hay un Yo y que hay un Otro, y que la existencia de cada uno de estos entes depende de la existencia del otro.

Entonces, una vez aceptada esta diferencia en la realidad, aceptamos que no hay una continuidad total que abarque la realidad, es decir, que no hay un todo que integre como un mismo ente a la totalidad. Hemos aceptado que hay un Yo, por tanto, no hay un Todo, incluso si creemos ser ese Todo, porque hemos aceptado un Otro.

Que sí, que es todo muy simple y damos por hecho varios asuntos importantes, pero si no lo hacemos así esta entrada podría convertirse en varios volúmenes de miles de páginas, y ni lo pretendo, ni tengo tiempo, ni soy la persona más adecuada para ello. Entonces, sigamos adelante y usemos lo escrito para plantear de forma simple las cuestiones que me interesa plantear. Hay mucha tinta al respecto, a favor, en contra, con planteamientos complejísimos, sencillísimos, admirables, patéticos... pero yo voy a aceptar que al tener conciencia del Yo, la realidad es algo que consiste al menos del Yo y lo Otro.

Ahora planteo la cuestión. Si aceptamos que Dios es infinito, aceptando previamente la existencia de un Otro llamado Dios sea cual sea su composición u orígen, entonces ¿cómo podría aceptar mi propia existencia, o al menos que mi Yo esté o sea en la realidad, al mismo tiempo que un Otro (al que llamamos en esta entrada Dios) que es infinito aun cuando este Otro abarcase el Todo exceptuando mi Yo? ¿Cómo podría ser la realidad más amplia que un Otro infinito y un Yo? Aunque aceptáramos la realidad como infinita, no podría acoger en su infinitud algo infinito y algo más.

Si seguimos por aquí, habría que aceptar un Yo o la infinitud de un Otro. Y si aceptamos al Otro infinito, dejaría de ser un Otro para ser el Todo del que formamos parte, porque está claro que estamos en algún lugar de la realidad, la pensemos del modo que la pensemos. Aceptando a este Otro infinito, aceptamos que no existe ninguna separación a nivel existencial entre lo que hemos acordado en llamar Yo y Otro y que desde entonces habríamos de aceptar su no-existencia para aceptar que únicamente existe, o hay, un Todo. No habría algo que llamar Yo, ni algo que llamar Otro. Sólo Todo y sus partes.

Es decir, siguiendo el argumento y aceptando lo planteado inicialmente, concluyo que aceptar la existencia de Dios (léase "Ente infinito") incluye la negación de uno mismo, algo a lo que me niego rotundamente y que pocas personas podrían realmente, y digo con todas sus implicaciones, aceptar.

Dos Veces García. Alétheia con cuentagotas

jueves, 20 de noviembre de 2014

¡Siente!

¿Recuerdas la sensación que sentiste con tu primer beso? Recordarás a esa chica, o ese chico, que te hizo sentir aquello por primera vez. Acercarnos, sentir la respiración del otro, cerrar los ojos quizás, ¿porque no? ¡para aquellos más románticos! y como no... el tan esperado momento. El Beso.

Yo aún puedo recordar el mío. Me hice 117 kilómetros en autobús. ¡Sí! ¡He dicho 117 kilómetros! Pensarás que estoy loco y te entiendo.

"Por qué darte esa paliza con la de niñas que hay por ahí dispuestas a cabalgarte cual Amazonas en plena temporada de fertilidad"

¿Sabes qué? Tienes razón. Podría haber salido una noche de mi casa, haberme unido al ritual social popularmente conocido como botellón, haber ingerido una cantidad poco recomendada de alcohol y haber acabado con algún miembro del género opuesto de mi especie (detallo aquí mi heterosexualidad como muestra de mi comodidad con ella) dejárnos llevar por nuestros impulsos más primitivos y a la vez, quede todo dicho, más placenteros. Sí, podría haber hecho eso y no lo hice, y no pienso seguir este párrafo con ese previsible "pero" que ya andas buscando en estas líneas. ¡Simplemente no lo hice así y decidí hacerme mis putos 117 kilómetros!

Bueno sigamos por donde lo dejamos... sí, el beso. El caso fue que tras casi un año de chatear con lo que era para mí una chica increíble, decidí poner el coraje por el que no me había caracterizado antes e ir a verla en persona... ¡por fin! ¡Fue indescriptible! Allí estaba esperándome, en aquella estación que siempre recordaré mientras no me lo impida un irónico pero probable alzheimer. Al contrario de lo que estás pensando... No, no la besé al bajarme del autobús. Lo más fácil sería culpar a los nervios del momentazo, pero tanto yo como mi conciencia sabemos que era un maldito cagado inexperto.

Dimos un paseo, me enseñaba su pueblo, donde había crecido y pasado su infancia, cosa que no es que me entusiasmara en aquel momento la verdad. Pero ella estaba tan impactada como yo la verdad y uno siempre intenta evitar esos silencios incómodos de las primeras citas, ¿no es así? Recuerdo incluso que hacía una calor sofocante y temía sudar y que se me formasen los lagos sobaqueros, y peor aún…¡Que ella lo notara!

Acabamos ese primer acercamiento en su casa donde nos subimos a un pequeño pero a la vez coqueto desván que tenía ella, donde un poco de música amenizaría lo que los dos ya sabíamos que iba a ocurrir... nuestras miradas se centraron la una en la otra de una manera en que pareciera que de un momento a otro nos gritaran: "¡Hacedlo ya! ¡Besaos!".
Y así fue como ocurrió, la agarré de la mano me acerqué a ella y sentí como me fundía en sus tiernos y jóvenes labios algo fríos por el fuerte aire acondicionado que nos acompañaba en el momento.

Ese momento, esa sensación, eso es lo que quiero hacer que revivas en este mismo instante. ¿Recuerdas como fue el tuyo? Estoy seguro de que sí. Es como si todos esos "problemas" por los que los adolescentes se sienten perseguidos dejasen de existir, porque más allá de esos labios ha dejado de salir el sol cada mañana, es como si dejase de moverse el aire a tu alrededor, es como si dejase de importar quienes fuimos en algún momento porque a partir de ahora ya no somos esa persona. A partir de ahora es cuando seremos.

¿No piensas tú también que deberíamos sentirnos así más a menudo? A todas horas estamos estresados por esto, agobiados por aquello… Vivir la sensación de ese primer beso es la monotonía que utópicamente merecemos. Somos racionales, inteligentes. Nuestro potencial no conoce límites más allá de los metafóricamente físicos, así que, ¡hagamos de nuestra forma de afrontar el día a día  un paraíso de las emociones!
Si llueve deja que tu oído se deleite con el ronroneo de las gotas que chocan con el cristal de tu ventana, si suspendes un examen haz que tu cabeza desee aprender más, si te rechaza esa chica por la que llevas un tiempo perdiendo el culo, o ese chico, inspírate con la emoción de conseguir que una mejor no pueda vivir sin ti… Podría seguir poniendote ejemplos hasta que el editor de textos me odie por haberme auto incautado del monopolio de su uso exclusivo, pero creo que ya captas la idea.
Lector, curioso… amigo,
SIENTE!
Sr.A

viernes, 14 de noviembre de 2014

El amor en tres segundos

Un, dos, tres…repítelo conmigo al compás de un viejo reloj de aguja: uno, dos, tres. ¿Ya te has enamorado? Tres segundos me bastaron para rendirme a ti, tres míseros y fugaces latidos para caer irremediablemente hechizada.

Eran las ocho en punto de la mañana cuando me encontraba en medio del andén del metro. Me dirigía como cada mañana hacia mi trabajo, un hábito tan cotidiano como tedioso. Desconecté los cascos cansada de aquella repetitiva música y levanté la vista hacia el cartel que anunciaba la hora de llegada del metro, me quedaba exactamente un minuto. Eché un vistazo a la máquina expendedora y decidí comprarme una botella de agua, rebusqué en mi bolsillo una pequeña moneda y la metí en la máquina esperando. Al principio me pareció gracioso que la máquina se negase a aceptar mi moneda cuando al final, desesperada, miré el reloj de nuevo, me quedaban sólo treinta segundos. Furiosa, lo intenté una última vez pero al instante un sonido metálico me advirtió que la moneda había caído de nuevo, sin ser aceptada.

- Déjeme probarlo. - Escuché una voz masculina que me hablaba desde atrás, ese fue nuestro primer segundo de contacto. Recuerdo nítidamente tu tono, un tono tan controlado y elegante como pausado a la vez. Jamás una voz me había parecido elegante antes, una voz tan agradable y envolvente.

En ese segundo latido recogiste mi pequeña moneda con tu grande mano delgada. La metiste de nuevo a través de la estrecha ranura y esperaste. Yo volteé curiosa a contemplarte, tus facciones parecían serias y concentradas, fijas ante esa máquina, como si realmente te importase conseguirme aquella bebida. En ese momento llegó a mí tu sutil fragancia masculina y yo me acerqué inconscientemente para degustarla. Un delicado roce de nuestros hombros nos obligó a separarnos, mandándome una vibrante sacudida.

La máquina emitió un estrepitoso golpe trayendo por fin mi botella. Tú la recogiste con gracia, con aquella reconfortante y masculina mano. Recuerdo que ibas tan elegante, vestido con tu traje gris, perfectamente ceñido. Yo me quedé enmudecida, sin comprender cómo algo tan imposible y frustrante te había resultado tan absurdamente sencillo.

- Tome.- Me dijiste al verme sin reaccionar. Ese fue mi tercer y último segundo antes de captar tus ojos color chocolate. Alcé mi vista para recoger la botella de agua y me fasciné, sintiendo como algo muy hondo se unía a esos ojos para siempre.

- Gracias. –Tú volviste a sonreírme y yo me sentí perdida, una sonrisa encantadora que logró sacudirme por dentro. Entonces te peinaste tu corto cabello castaño como si sopesaras decirme algo más. Yo esperé impaciente sin saber qué preguntarte cuando dándote por vencido, recogiste tu maletín del suelo. Te observé en silencio viendo cómo te alejabas, quise gritarte para que siguieras hablándome, necesitaba preguntarte tanto. Te parecerá absurdo pero en ese momento noté como algo muy mío escapaba contigo, perdiéndose para siempre a través de esa andana. A partir de entonces tú mejor que nadie conoces nuestra historia. Uno, dos, tres, martilleaba un viejo reloj de aguja.



Voy a contar contigo si me lo pides, uno, dos, tres, y voy a contestarte, para entonces ya estaba completamente enamorado. El día que te encontré peleándote con esa máquina expendedora me pareciste encantadora, mirabas enfurruñada aquella máquina como si fuera estúpida. De hecho, llevaba muchos meses espiándote en esa andana de metro pero tú siempre parecías tan metida en tu propia vida que dudo que me reconocieras. No me extrañó tu expresión de sorpresa al verme pero me alegré cuando por fin, me miraste a los ojos. Gracias, me contestaste con una tímida sonrisa, llevaba tanto esperándola.En ese momento fui un tremendo estúpido, incapaz de preguntarte nada, maravillado por tus ojos de miel. Me aparté despacio de esa máquina expendedora y te observé de reojo desde la andana. Tú parecías absorta con tu botella, sin mirarme de nuevo. El traqueteo avisó de la llegada del metro arrancándome las pocas esperanzas para lograr alcanzarte de nuevo. Ambos nos subimos en el mismo vagón y tú te me acercaste, aún recuerdo tu dulce melodía cuando me invitaste a un café. Yo acepté desconcertado, sin poder creerme mi suerte.

Dices que en tres segundo te enamoraste de mí pero yo llevaba tantos ya enamorado. Me enamoré de ti viéndote en esa andana día tras día, conectada a tu reproductor de música, leyendo un libro o escribiendo en el móvil, me enamoré de ti hacía ya demasiados segundos. Ese fue nuestro primer café de muchos, por tan sólo tres míseros segundos. Uno, dos, tres, martilleaba un viejo reloj de aguja.

martes, 11 de noviembre de 2014

Tus pasos


Eres igual al sendero por donde caminas. Tan fuerte para construir un mundo maravilloso y tan vulnerable para buscar la manera de sentir que estás a salvo.
Hay muchas cosas buenas que te mantienen caminando. Te dejas fluir, pero no te rindes ante tus sentimientos momentáneos. Tienes miedo, pero aún así no te detienes.
¡Haces!
Tu vida es una obra artesanal. Escoges tus amigos, tus fuentes de amor, tus momentos de deleite… Te diriges a donde quieres, escuchas la música que quieres y te muestras al mundo como una jacaranda de febrero. Eres la fuerza de Violeta Parra y la búsqueda de Jaramar.
Tus pasos son sensuales, pero firmes. Eres diferente. No pasas inadvertida.
¡Quiero ser el lugar hacia el que caminas!

Eduardo López López. PURAS VAGANCIAS

viernes, 7 de noviembre de 2014

¿Se sienten más felices las mujeres o los hombres?

¿Es la felicidad una cuestión de género?
Socialmente se dan los estereotipos de género, según los cuales un hombre o una mujer, en general, ha de comportarse de un modo u otro por el simple hecho de pertenecer a uno u otro sexo (ser hombre o mujer), es decir, se les asignan unas determinadas características de personalidad, funciones y/o roles a ejercer "características" de su sexo.
Ejemplos de los anterior serían: el hombre "ha de ser valiente, fuerte, estar centrado en lo laboral, no mostrar sus sentimientos..."; Mientras que la mujer "es débil, emocional, centrada en la familia, cuidadora..."). 
Dejando a un lado lo absurdo de los estereotipos de género, que no hacen más que intentar controlarnos y oprimirnos a todos desde un punto de vista patriarcal, tanto a #hombres como a #mujeres, y no respetan ni nuestros derechos ni nuestra individualidad y mucho menos el gusto por la diferencia y la diversidad, centrémonos en los resultados de algunos estudios psicológicos sobre la felicidad en torno al género:
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-  Las investigaciones de Wood, Rhodes y Whelan (1989) y Mookherjee (1997), en EE. UU., señalan que las mujeres son más felices que los hombres.

-  Sin embargo, según un estudio de Reynaldo Alarcón de la Universidad Ricardo Palma, Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima), del año 2000, no existen diferencias entre la Felicidad que sienten hombres y mujeres.
Dicho investigador, examinó las relaciones entre  felicidad y las variables psicológicas siguientes: frecuencia de afectos positivos, intensidad de experiencias emocionales, extraversión,  individualismo y colectivismo.
Obteniendo que la media de Felicidad para hombres fue de 17.69 y para mujeres 17.76.
Dicho de otro modo: el 59 % de los varones y el 61% de mujeres manifestaron ser felices. No siendo significativa la diferencia, por lo tanto.
-  El estudio de Lu, en 1996, en Taiwán, encontró que las mujeres están más satisfechas que los hombres en algunos aspectos de la vida, como, por ejemplo, las relaciones sociales.

-  Mientras que un grupo de investigadores de la Universidad de Southern, California (EE.UU.), analizó los datos de la Encuesta Mundial Gallup, realizada en 73 países. 
Y vieron que, en general, en la mayoría de los países las mujeres y los hombres sienten prácticamente la misma felicidad. Pero, ojo, en el 24 % de los países estudiados ellas son más felices que ellos.
Los investigadores comentan en la revista Journal of Happiness Studies que los resultados muestran que las diferencias en el bienestar entre géneros no se asocian a temas como status económico, derechos de las mujeres, religión o ubicación, pues actualmente aún existen claras y marcadas discriminaciones respecto a esos temas en las mujeres (menor salario por el mismo trabajo, la llamada doble jornada, etc.).  
-  En Chile, en un estudio se obtuvo que los hombres manifiestan ser más felices que las mujeres, pero no de manera significativa.  
Aunque según otros estudios de Chile sobre la Encuesta Casen 2011 y la CEP realizada el mismo año, ellos son más felices. 

-  Mientras que otro estudio llegó a la conclusión de que las mujeres, que a los principios de 1970 reportaron que eran más felices que los hombres, son ahora un poco menos felices.

 La explicación podría extraerse, quizás, de otro estudio que analizó el cambio en los últimos cuarenta años en la cantidad de tiempo que los hombres y las mujeres invierten en realizar tareas que no les gustan.
 Y es que desde 1960, los hombres han reducido gradualmente las actividades que no les gustan. Con lo que trabajan menos y se relajan más.

 Pero las mujeres han reemplazado parte del tiempo de los quehaceres domésticos por el del trabajo remunerado, la llamada “doble jornada”, estando más tiempo haciendo cosas que no les gustan, por lo tanto. Justo a la inversa que los hombres… 

Como conclusión, decir que es evidente que aún falta mucha investigación al respecto para aclarar totalmente la cuestión de si son las mujeres o los hombres más felices, pues los resultados son contradictorios actualmente.
Aunque, sí que parece que existen más evidencias de que, a pesar de no existir diferencias significativas, el género femenino se siente ligeramente más feliz. ¿Tendrá que ver con lo que se ha descubierto en un estudio reciente en Lima publicado en la revista Progress in Neuro-Psychopharmacology?
Dicho estudio, llamado “The MAOA gene predicts happiness in Women” coordinado por Henian Chen, reveló que la mujer cuenta con el llamado “gen de la felicidad”, con lo que por lo visto es más fácil que ellas sean más felices que los hombres.
Una baja presencia del gen de la monoamina-oxidasa A (MAOA), significa un incremento en la felicidad personal de las chicas, efecto que no está presente en ellos.
Con lo que, parece ser, que biológicamente las mujeres están más predispuestas a ser felices que los hombres. Aunque, evidentemente, existen otras muchas variables que influyen en la felicidad de cada cual. No obstante, habrá que seguir estudiando al respecto.

martes, 4 de noviembre de 2014

Hoy en "grandes" periodistas: Los Manolos.


Me encuentro viendo el programa de 'Los Manolos' mientras os escribo mis más modestas y molestas palabras de hoy. No soy ningún experto en periodismo, y no dudo de la capacidad de los integrantes de los figurantes de dicho tinglao', pero no llamaría periodistas a personas que se dedican a contar los segundos que dura un bostezo de Cristiano Ronaldo o lo qué dura una carrera del Cholo Simeone al celebrar un tanto de su equipo. Es más, no llamaría periodistas a quienes dan más cobertura a la negativa de Messi a ser cambiado que a los problemas que tienen los equipos modestos de nuestro país. Justo en este momento acaban de dedicar 20 segundos a la noticia del jugador de fútbol que muere al celebrar un gol haciendo volteretas y partiéndose el cuello. Una noticia horrible... y le dedican los mismos segundos que a la siguiente: "El Tata se confunde y se sienta encima del café".

No hay más que decir. Salvo una cosa: cuando se le ríen las gracias a un payaso, este se crece. Y eso es lo que les ha pasado a los payasos de los 'Deportes' Cuatro. Parte de que le dediquen 35 minutos al Madrid y al Barça, y solo 10 a las demás noticias del fútbol nacional e internacional, además de los otros deportes como el tenis, el baloncesto o el motociclismo, es nuestra. Es nuestra porque seguimos tragándonos esa mierda que, además, tienen el valor de seguir llamando 'Deportes'. Hay profesionales que cobran más por tragar menos.


No penséis que odio el deporte o el fútbol. Nada más lejos de la realidad. Soy del Betis. Desde pequeñito. Y, precisamente por eso, me produce tanta rabia que le dediquen pocos minutos de su programa a equipos como el mío. Y únicamente cuando juegan contra uno de los grandes o les va como el puto culo.

Siempre se ha dicho que España es un país solo de fútbol. Mentira. Es un país solo de Madrid o Barça. El Atlético, el Sevilla o el Valencia son equipos pasajeros. Porque os recuerdo que no hace tanto el Celta jugó la Champions y era el equipo 'top'. Al igual pasó con mi Betis, con el Athletic de Bilbao o el Depor. Los únicos que persisten son los merengues y los culés. Y, naturalmente, esto lo saben Lama, Carreño y compañía.

Es obvio, que las cadenas miran más por la cantidad que por la calidad de sus espectadores. Pero macho... a los periodistas se les supone un mínimo de ética y moral. Un mínimo de ética y moral que les obligue a informar 'objetivamente' de todo lo realmente relevante a cerca del mundo del deporte. Y ese mínimo no está en los pelillos del culo de Messi ni en sus vómitos. Aunque por desgracia, en un país en el que 'Gran Hermano' ha llegado a 15 ediciones, es lo que vende. A nadie le importa ya los problemas del Murcia, ni la situación límite por la que ha pasado y esta pasando el Zaragoza. Solo nos importa que le pasa a Cristiano o a Messi.


En fin, como ya he dicho, España siempre ha sido un país de fútbol (Madrid y Barça). Esto ha ocasionado que le demos mas relevancia a programas como 'Los Manolos', que a programas como 'La Sexta Noche' (muy recomendable si quieres enterarte de lo que ocurre en este país).


Espero que cuando volváis a ver el programa de Lama y Carreño, seáis más críticos y exigentes con el tipo de periodismo que nos merecemos.


PD: ¡¡VIVA EL BETIS!!

Carlos Manzano   Palabras Molestas

viernes, 31 de octubre de 2014

Igualdad a cambio de educación.

Si algo hemos demostrado los seres humanos con nuestra forma de actuar a lo largo de la historia es que somos animales de costumbres, cuya manera de pensar se ve a menudo influenciada por determinados comportamientos de su misma especie en épocas anteriores, dejando entrever quizá los rastros de su pasada mentalidad antropocéntrica que, aunque en la teoría implica considerar al ser humano el eje central de todo, en la práctica y a pesar de la naturaleza humana de la misma, bajo ningún concepto concebiría a la mujer como figura central, reflejando así la mentalidad masculina que prima en nuestra especie desde tiempos inmemoriales.

Partiendo de aquí y una vez analizada la raíz del problema, lo propio es buscar soluciones. Con este fin surge la Ley Contra la Violencia de Género, aprobada en diciembre de 2004 y que ha supuesto un considerable avance en la lucha contra el machismo en nuestro país, sin embargo, aún queda mucho por hacer. Hablamos de un 15% jóvenes que dicen entender este tipo de injusticias en determinadas circunstancias y de más de 50.000 mujeres menores de 30 años con una orden de protección, alarmantes cifras que demuestran que, por encima de lo estrictamente legislable, la situación requiere de una exhaustiva labor de concienciación social.

Mi conclusión es que la violencia de género no es más que un reflejo de la situación minorizada en determinados aspectos que aún hoy ocupa la mujer en nuestra sociedad, una sociedad que opta por enseñarlas a defenderse en lugar de enseñar a los hombres a no maltratar. Es cierto que es necesario establecer unas leyes ecuánimes que abarquen y propongan remedios eficaces a los principales conflictos que implican este tipo de abusos, no obstante, considero que la única solución a largo plazo es la educación.

Si nos paramos a analizar las causas de este problema, observamos que una educación que fomente la igualdad de género, tanto por parte del profesorado en los colegios como de los padres en casa, es crucial para la erradicación de este tipo de injusticias. El problema aparece cuando dentro del ámbito familiar no hay formación suficiente pata transmitir que padres, madres, hijos e hijas merecen idéntico respeto. Aún así, en ningún caso debemos dar esta batalla por perdida, sino que ahora más que nunca es indispensable persistir en la lucha por la igualdad de género, pues una juventud bien formada equivale a una sociedad futura justa y tolerante.

martes, 28 de octubre de 2014

La mayor hipocresía de la sociedad actual.

A todos nos consta que muchos de vosotros os lleváis las manos a la cabeza cuando escucháis que hay personas manifestándose por el sacrificio de un perro; protestando por el uso de las pieles de animales para crear prendas que ya existen de forma sintética; armando revueltas para acabar con la tauromaquia, dejando de comer carne o repartiendo propagandas para que hagamos frente a la contaminación de nuestras ciudades. 

Tratamos como a verdaderos locos a aquellos que se preocupan por estos aspectos "sin importancia" con todas las enfermedades que hay, las violaciones, las guerras, el hambre en el mundo... Seguro que nunca os habéis preguntado cuántas de estas personas que critican duramente estas acciones luchan en realidad por la vida de las personas.

Un gran sector no es más que una panda de hipócritas que van proclamando por el mundo lo preocupados que están por lo que ocurre en el planeta y luego salen a la calle y lo primero que hacen es criticar a aquella chica que lleva la ropa de otra temporada; reírse del drogadicto que va gritando por la calle; insultar al "friki que se cree gótico" o incluso llegan a pegar al que les resulte más débil para que los acepten en un grupo de aparentes amigos ... pero claro, DIRÁN QUE LES IMPORTAN LOS NEGRITOS DESNUTRIDOS DE ÁFRICA. 

¿De verdad pretendéis engañaros a vosotros mismos? lo que falta hoy en día es más humanidad, ¿Cómo pretendéis cambiar otro continente si no cambiáis antes el pequeño trocito de tierra en el que os tocó vivir? ¿Sabéis luego quiénes van a las manifestaciones para luchar por los problemas de la sociedad? los mismos que se manifiestan por los animales o por cualquier otro motivo, las únicas personas que se dignan a alzar la voz más allá de las redes sociales, que se preocupan por TODO LO QUE OCURRE y que se lanzan a la calle en vez de a Twitter.

Así nos va... estamos en un mundo donde los que estudian psicología se burlan de las personas con problemas mentales; en la que los ricos les pierden el respeto a los pobres y en el que en pocos días puedes dejar de hablarle a tu mejor amigo sin ninguna explicación; puedes juzgar mal a las personas a las que ni conoces o insultar a los demás por hacer cosas que también vosotros hacéis. Os proclamáis salvadores del Universo en facebook y os dais golpes en el pecho por "lo buenas personas que sois". Hace poco me manifesté por un perro, mañana lo haré por una persona y al día siguiente por el calentamiento global ¿quién sabe? Lo único que tengo por seguro, es que yo por desgracia no puedo hacer directamente nada por salvar a los enfermos africanos, (como mucho formar parte de alguna ONG), pero aquí, en España, puedo hacer maravillas por las personas que forman parte de mi vida o viven cerca de mí. 

Me alegra saber que cada vez somos más numerosos aquellos que nos damos cuenta de que aquí hay algo que no va bien y que debemos hacer ciertas cosas para cambiarlo, los demás, deberíais plantearos en qué clase de sitio queréis criar a vuestros hijos en un futuro...

RESPETO = PALABRA QUE EXISTE EN POCOS DICCIONARIOS (españoles en mi caso). Una lástima.